Guía de Consagración
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Vaciarse del Espíritu del Mundo - PRIMERA PARTE

Examina tu conciencia, reza, practica la renuncia a tu propia voluntad; mortificación, pureza de corazón. Esta pureza es la condición indispensable para contemplar a Dios en el cielo, verle en la tierra y conocerle a la luz de la fe.

La primera parte de la preparación se deberá emplear en vaciarse del espíritu del mundo, que es contrario al espíritu de Jesucristo. El espíritu del mundo consiste, en esencia, en la negación del dominio supremo de Dios, negación que se manifiesta en la práctica del pecado y la desobediencia; por tanto, es totalmente opuesto al espíritu de Jesucristo, que es también el de María.

Esto se manifiesta por la concupiscencia de la carne, por la concupiscencia de los ojos y por el orgullo como norma de vida, así como por la desobediencia a las leyes de Dios y el abuso de las cosas creadas. Sus obras son el pecado en todas sus formas; en consecuencia, todo aquello por lo cual el demonio nos lleva al pecado; obras que conducen al error y oscuridad de la mente, y seducción y corrupción de la voluntad. Sus pompas son el esplendor y las artimañas empleadas por el demonio para hacer que el pecado sea deleitoso en las personas, sitios y cosas.

Introducción - Vaciarse del Espíritu del Mundo

Antes que nada debemos saber ¿Qué significa Espíritu del Mundo?

Nos dice San Pablo en Primera carta a Corintios cap. 2, 6-16

“Sin embargo, hablamos de sabiduría entre los perfectos, pero no de sabiduría de este mundo ni de los príncipes de este mundo, abocados a la ruina; sino que hablamos de una sabiduría de Dios, misteriosa, escondida, destinada por Dios desde antes de los siglos para gloria nuestra, desconocida de todos los príncipes de este mundo - pues de haberla conocido no hubieran crucificado al Señor de la Gloria -. Más bien, como dice la Escritura, anunciamos: “ lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios  preparó  para los que le aman.”

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Día 1

Viendo a la muchedumbre, subió a un monte, y cuando se hubo sentado, se le acercaron los discípulos; y abriendo Él su boca, les enseñaba, diciendo:

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Día 3

No juzguéis y no seréis juzgados, porque con el juicio con que juzgareis seréis juzgados y con la medida con que midiereis se os medirá.

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Día 4

Que ningún bien tiene el hombre de suyo ni cosa alguna de qué alabarse Señor, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, o el hijo del hombre para que le visites?

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Día 5

Por lo cual, si yo supiese bien desechar toda consolación humana, ya sea por alcanzar devoción o por la necesidad que tengo de buscarte, porque no hay hombre que me consuele, entonces con razón, podría yo esperar en tu gracia, y alegrar me con el don de la nueva consolación.

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Día 7

En lo de fuera eran necesitados, pero en lo interior estaban con la gracia y divinas consolaciones recreados.

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Día 12

Mas si vieres alguna cosa digna de reprensión,guárdate de hacerla; y si alguna vez la hiciste, procura enmendarte luego.

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