Guía de Consagración
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Día 8

Cómo se ha de resistir a las tentaciones.

Mientras en el mundo vivimos no podemos estar sin tribulaciones y tentaciones.

Por lo cual está escrito en Job: Tentación es la vida del hombre sobre la tierra. Por eso cada uno debe tener mucho cuidado acerca de la tentación, y velar en oración, porque no halle el demonio lugar de engañarle, que nunca duerme, sino busca por todos lados a quien tragarse.

Ninguno hay tan santo ni tan perfecto que no tenga algunas veces tentaciones, y no podemos vivir sin ellas. Mas las tentaciones son muchas veces utilísimas al hombre, aunque sean graves y pesadas; porque en ellas es uno humillado, purgado y enseñado. Todos los santos, por muchas tribulaciones y tentaciones pasaron, y aprovecharon.

Y los que no las quisieron sufrir y llevar bien, fueron tenidos por malos y desfallecieron. No hay orden ni religión tan santa, ni lugar tan secreto, donde no haya tentaciones y adversidades.

No hay hombre seguro del todo de tentaciones mientras que vive; porque en nosotros mismos está la causa de donde vienen, pues que nacimos con la inclinación al pecado. Pasada una tentación o tribulación sobreviene otra, y siempre tendremos que sufrir, porque se perdió el bien de nuestra primera felicidad. Muchos quieren huir de las tentaciones, y caen en ellas más gravemente. No se pueden vencer sólo con huírlas; con paciencia y verdadera humildad nos hacemos más fuertes que todos los enemigos.

El que solamente quita lo que se ve y no arranca la raíz, poco aprovechará; antes tornarán a él más presto las tentaciones, y se hallará peor. Poco a poco, con paciencia y buen ánimo, vencerás (con el favor divino) mejor que no con tu propio conato y fatiga. Toma muchas veces consejo en la tentación, y no seas desabrido con el que está tentado; antes procura consolarle como tú lo quisieras para ti.

El principio de toda tentación es la inconstancia del ánimo y la poca confianza en Dios.

Porque como la nave sin timón la llevan a una y otra parte las olas, así el hombre descuidado y que desiste de sus propósitos es tentado de diversas maneras.
(Imitación de Cristo, libro 1 , cap. 13)

Oraciones:

Veni, Creator Spiritus

Ven, Espíritu Creador,
visita las mentes de tus siervos,
llena de la gracia de lo alto
los pechos que Tú creaste.

Tú, que eres llamado Paráclito,
don de Dios altísimo,
fuente viva, fuego, amor,
y unción espiritual.

Tú septiforme en el don, dedo
de la paterna diestra,
Tú, auténtica promesa del Padre,
que enriqueces las lenguas con palabras.

Enciende lumbre en los sentidos,
infunde amor en los corazones,
corroborando con vigor constante
la fragilidad de nuestro cuerpo.

Rechaza más y más lejos al enemigo,
concede prontamente la paz,
yendo así Tú delante como guía,
evitemos todo mal.

Haz que por ti conozcamos al Padre
y conozcamos también al Hijo
y por ti, Espíritu de entrambos,
creamos en todo tiempo.

A Dios Padre sea la gloria
y al Hijo, que entre los muertos
resucitó, y al Paráclito
por los siglos de los siglos.

Amén.


Ave Maris Stella

Salve, Estrella del mar,
Madre, que diste a luz a Dios,
quedando perpetuamente Virgen,
feliz puerta del cielo.

Pues recibiste aquel Ave
de labios de Gabriel,
ciméntanos en la paz,
trocando el nombre de Eva.

Suelta las prisiones a los reos,
da lumbre a los ciegos,
ahuyenta nuestros males,
recábanos todos los bienes.

Muestra que eres Madre,
reciba por tu mediación nuestras plegarias
el que nacido por nosotros,
se dignó ser tuyo.

Virgen singular,
sobre todos suave,
haz que libres de culpas,
seamos suaves y castos.

Danos una vida pura,
prepara una senda segura,
para que, viendo a Jesús,
eternamente nos gocemos.

Gloria sea a Dios Padre,
loor a Cristo altísimo
y al Espíritu Santo:
a los tres un solo honor.

Amén.


Magnificat

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador,
porque ha mirado la humildad de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras
grandes en mí y su nombre es santo.

Y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación
sobre los que le temen.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes;
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Acogió a Israel su siervo,
acordándose de su misericordia
–como la había prometido a nuestros padres –
en favor de Abraham y su descendencia
para siempre.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos, Amén