Guía de Consagración
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Día 11

De la fervorosa enmienda de nuestra vida.

Se hallaba uno lleno de congoja, luchando entre el temor y la esperanza, y un día, cargado de tristeza, entró en la iglesia, y se postró delante del altar en oración, y meditando en su corazón varias cosas, dijo: ¡Oh! ¡Si supiese que había de perseverar! y luego oyó en lo interior la divina respuesta: ¿Qué harías si eso supieses? Haz ahora lo que entonces quisieras hacer, y estarás seguro.

Y en aquel punto, consolado y confortado, se ofreció a la divina voluntad, y cesó su congojosa turbación.

Y no quiso escudriñar curiosamente para saber lo que le había de suceder, sino que anduvo con mucho cuidado de saber lo que fuese la voluntad de Dios, y a sus divinos ojos más agradable y per fecto para comenzar y perfeccionar toda buena obra. El profeta dice: Espera en el Señor, y haz bondad, y habita en la tierra, y serás apacentado en sus riquezas.

Detiene a muchos el fervor de su aprovechamiento, el espanto de la dificultad, o el trabajo en la pelea.

Ciertamente aprovechan más en las virtudes, aquellos que más varonilmente ponen todas sus fuerzas para vencer las que les son más graves y contrarias.

Porque allí aprovecha el hombre más y alcanza mayor gracia, adonde más se vence a sí mismo y se mortifica el espíritu.

Pero no todos tienen igual ánimo para vencer y mortificarse.

No obstante, el diligente y celoso de su aprovechamiento, más fuerte será para la perfección, aunque tenga muchas pasiones, que el de buen natural, si pone poco cuidado en las virtudes.
(Imitación de Cristo, libro 1, cap. 25)

 

Oraciones:

Veni, Creator Spiritus

Ven, Espíritu Creador,
visita las mentes de tus siervos,
llena de la gracia de lo alto
los pechos que Tú creaste.

Tú, que eres llamado Paráclito,
don de Dios altísimo,
fuente viva, fuego, amor,
y unción espiritual.

Tú septiforme en el don, dedo
de la paterna diestra,
Tú, auténtica promesa del Padre,
que enriqueces las lenguas con palabras.

Enciende lumbre en los sentidos,
infunde amor en los corazones,
corroborando con vigor constante
la fragilidad de nuestro cuerpo.

Rechaza más y más lejos al enemigo,
concede prontamente la paz,
yendo así Tú delante como guía,
evitemos todo mal.

Haz que por ti conozcamos al Padre
y conozcamos también al Hijo
y por ti, Espíritu de entrambos,
creamos en todo tiempo.

A Dios Padre sea la gloria
y al Hijo, que entre los muertos
resucitó, y al Paráclito
por los siglos de los siglos.

Amén.


Ave Maris Stella

Salve, Estrella del mar,
Madre, que diste a luz a Dios,
quedando perpetuamente Virgen,
feliz puerta del cielo.

Pues recibiste aquel Ave
de labios de Gabriel,
ciméntanos en la paz,
trocando el nombre de Eva.

Suelta las prisiones a los reos,
da lumbre a los ciegos,
ahuyenta nuestros males,
recábanos todos los bienes.

Muestra que eres Madre,
reciba por tu mediación nuestras plegarias
el que nacido por nosotros,
se dignó ser tuyo.

Virgen singular,
sobre todos suave,
haz que libres de culpas,
seamos suaves y castos.

Danos una vida pura,
prepara una senda segura,
para que, viendo a Jesús,
eternamente nos gocemos.

Gloria sea a Dios Padre,
loor a Cristo altísimo
y al Espíritu Santo:
a los tres un solo honor.

Amén.


Magnificat

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador,
porque ha mirado la humildad de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras
grandes en mí y su nombre es santo.

Y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación
sobre los que le temen.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes;
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Acogió a Israel su siervo,
acordándose de su misericordia
–como la había prometido a nuestros padres –
en favor de Abraham y su descendencia
para siempre.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos, Amén