Guía de Consagración
Seleccione el día de reflexión

  • Portada
  • Tercera parte - Capítulo III (#183 al 212)

Tercera parte - Capítulo III

CAPITULO III 

Figura Bíblica de la vida consagrada a María: Rebeca y Jacob

183. El Espíritu Santo nos ofrece en el libro del Génesis una figura admirable de todas las verdades que acabo de exponer respecto a la Sma. Virgen y a sus hijos y servidores. La hallamos en la historia de Jacob que, por diligencia e industria de su madre, Rebeca, recibió la bendición de su padre, Isaac.

Oigámosla como la refiere el Espíritu Santo. Luego añadiré mi propia explicación.

a. Historia bíblica de Rebeca y Jacob

184. Esaú había vendido a Jacob sus derechos de primogenitura. Rebeca, madre de ambos hermanos, que amaba tiernamente a Jacob, le aseguró muchos años después estos derechos, mediante una estrategia santa y toda llena de misterio.

Isaac, sintiéndose ya muy viejo y deseando bendecir a sus hijos antes de morir, llamó a Esaú, a quien amaba, y le encargó saliese de caza a conseguir algo de comer para bendecirle después. Rebeca comunicó al punto a Jacob lo que sucedía y le mandó traer dos cabritos del rebaño. Cuando los trajo y entregó a su madre, ella los preparó al gusto de Isaac que bien conocía, vistió a Jacob con los vestidos de Esaú, que ella guardaba, y, le cubrió las manos y el cuello con la piel de los cabritos, a fin de que su padre, que estaba ciego, al oír la voz de Jacob, creyese al menos por el vello de sus manos que era Esaú. Sorprendido, en efecto, Isaac por el timbre de aquella voz que le parecía ser de Jacob, le mandó acercarse, y palpando el pelo de las pieles que le cubrían las manos, dijo que verdaderamente la voz era la de Jacob, pero las manos de Esaú. Después que comió y, al besar a Jacob, sintió la fragancia de sus vestidos, le bendijo y deseó el rocío del cielo y la fecundidad de la tierra, le hizo señor de todos sus hermanos y finalizó su bendición con estas palabras: "Maldito el que te maldiga y bendito quien te bendiga".

Apenas había Isaac concluido estas palabras, he aquí que entra Esaú trayendo para comer de lo que había cazado, a fin de recibir luego la bendición de su padre. El santo patriarca se sorprendió, con increíble asombro, al darse cuenta de lo ocurrido. Pero lejos de retractar lo que había hecho, lo confirmó. Porque veía claramente el dedo de Dios en este suceso.

Esaú, entonces, lanzó bramidos anota la Sda. Escritura acusando a gritos, de engañador a su hermano y preguntó a su padre si no tenía más que una bendición (En todo esto como advierten los santos Padres que figura de aquellos que, hallando cómodo juntar a Dios con el mundo, quieren gozar a la vez de los consuelos del cielo y los deleites de la tierra). Isaac, conmovido por los lamentos de Esaú, lo bendijo, por fin, pero con una bendición de la tierra, sometiéndolo a su hermano. Lo que le hizo concebir un odio tan irreconciliable contra Jacob, que no esperaba sino la muerte de su padre para matarlo. Y Jacob no hubiera podido escapar a la muerte, si Rebeca, su tierna madre, no lo hubiera salvado con su solicitud y con los buenos consejos que le dio y que él siguió con fidelidad.

b. Explicación.

1º Esaú, figura de los réprobos.

185. Antes de explicar esta bellísima historia es preciso advertir que, según los santos Padres y los exégetas, Jacob es figura de Cristo y de los predestinados, mientras que Esaú lo es de los réprobos. Para pensar así, basta examinar las acciones y conducta de uno y otro.

1) Esaú, el primogénito, era fuerte y de constitución robusta, gran cazador, diestro y hábil en manejar el arco y traer caza abundante;

2) Casi nunca estaba en casa y, confiando sólo en su fuerza y destreza, trabajaba siempre fuera de ella;

3) No se preocupaba mucho por agradar a su madre, Rebeca, de la cual hacía poco caso.

4) Era tan glotón y esclavo de la guía, que vendió su derecho de primogenitura por un plato de lentejas.

5) Como otro Caín estaba lleno de envidia contra su hermano, Jacob, a quien perseguía de muerte.

186. Esta es precisamente la conducta que observan siempre los réprobos:

1) confían en su fuerza y habilidad para los negocios temporales. Son muy fuertes, hábiles e ingeniosos para las cosas terrenas, pero muy ignorantes y débiles para las del cielo.

187. 2) por ello, no permanecen nunca o casi nunca, en su propia casa, es decir, dentro de sí mismos que es la morada interior personal que Dios ha dado a cada hombre para residir allí, a ejemplo suyo, porque Dios vive siempre en Sí mismo. los réprobos no aprecian el retiro ni las cosas espirituales ni la devoción interior. Califican de personas apocadas, mogijatas y hurañas a quienes cultivan la vida interior, se retiran del mundo y trabajan más dentro que fuera;

188. 3) los réprobos apenas si se interesan por la devoción a la Sma. Virgen, Madre de los predestinados. Es verdad que no la aborrecen formalmente, algunas veces le tributan alabanzas, dicen que la aman y hasta practican algunas devociones en su honor. Pero, por lo demás, no toleran que se la ame tiernamente, porque no tienen para con Ellas las ternuras de Jacob. Censuran las prácticas de devoción a las cuales los buenos hijos y servidores de María permanecen fieles para ganarse el afecto de Ella. No creen que esta devoción les sea necesaria para salvarse. Pretenden que con tal de no odiar formalmente a la Sma. Virgen ni despreciar abiertamente su devoción, merecen la protección de la Virgen María, cuyos servidores son porque rezan y dicen entre dientes algunas oraciones en su honor, pero carecen de ternura para con Ella y evitan comprometerse en una conversión personal;

189. 4) los réprobos venden su derecho de primogenitura, es decir, los goces del cielo, por un plato de lentejas, es decir, por los placeres de la tierra. Ríen, beben, comen, se divierten, juegan, bailan, etc., sin preocuparse como Esaú por hacerse dignos de la bendición del Padre celestial. En pocas palabras: sólo piensan en la tierra, sólo aman las cosas de la tierra, sólo hablan y tratan de las cosas de la tierra y de sus placeres, vendiendo por un momento de placer, por un humo vano de honra y un pedazo de tierra dura, amarilla o blanca, la gracia bautismal, su vestido de inocencia, su herencia celestial.

190. 5) por último, los réprobos odian y persiguen sin tregua a los predestinados, abierta o solapadamente. No pueden soportarlos: los desprecian, los critican, los contradicen, los injurian, les roban, los engañan, los empobrecen, los marginan, los rebajan hasta el polvo, al paso que ellos ensanchan su fortuna, se entregan a los placeres, viven regaladamente, se enriquecen, se engrandecen y viven a sus anchas.

2º Jacob, figura de los predestinados.

191. 1) Jacob, el hijo menor, era de complexión débil, suave y tranquilo. Permanecía generalmente en casa, para granjearse el favor y gracias de Rebeca, su madre, a quien amaba tiernamente. Si, alguna vez, salía de casa no lo hacía por capricho ni confiado en su habilidad, sino por obedecer a su madre;

192. 2) amaba y honraba a su madre. Por esto permanecía en casa con ella. Nunca se alegraba tanto como cuando la veía. Evitaba cuando pudiera desagradarle y hacía cuanto creía que le complacería. Todo lo cual aumentaba en Rebeca el amor que ella le profesaba;

193. 3) estaba sometido en todo a su querida madre: le obedecía enteramente en todo, prontamente y sin tardar, amorosamente y sin quejarse. A la menor señal de su voluntad, el humilde Jacob corría a realizarla. Creía cuanto Rebeca le decía, sin discutir, por ejemplo, cuando le mandó que saliera a buscar dos cabritos y se los trajera para aderezar la comida a su padre, Isaac, Jacob no replicó que para preparar una sola comida para una persona bastaba con un cabrito, sino que sin replicar, hizo cuanto ella le ordenó;

194. 4) tenía gran confianza en su querida madre y como no confiaba en su propio valer, se apoyaba solamente en la solicitud y cuidados de su madre. Imploraba su ayuda en todas las necesidades y le consultaba en todas las dudas: por ejemplo, cuando le preguntó si en vez de la bendición, no recibiría más bien la maldición de su padre, creyó en ella y a ella se confió tan pronto Rebeca le contestó que ella tomaría sobre si esta maldición;

195. 5) finalmente, imitaba según su capacidad las virtudes de su madre. Y parece que una de las razones de que permaneciera sedentario en casa era el imitar a su querida y muy virtuosa madre y el alejarse de las malas compañías, que corrompen las costumbres. 

 

En esta forma, se hizo digno de recibir la doble bendición de su querido padre.

3º Comportamiento de los predestinados y los réprobos.

196. He aquí el comportamiento ordinario de los predestinados:
permanecen asiduamente en casa con su madre, es decir, aman el retiro, gustan de la vida interior, se aplican a la oración, a ejemplo y en compañía de su Madre, la Sma. Virgen, cuya gloria está en el interior, y que durante su vida amó tanto el retiro y la oración. Ciertamente, de vez en cuando, aparecen en público, pero por obediencia a la voluntad de Dios y a la de su querida Madre y a in de cumplir los deberes de su estado. Y aunque en el exterior realicen aparentemente cosas grandes, estiman mucho más las que adelantan en el interior de sí mismos en compañía de la Sma. Virgen. En efecto allí van realizando la obra importantísima de su perfección, en comparación de la cual las demás obras no son sino juego de niños.

Por eso, algunas veces, mientras sus hermanos y hermanas trabajan fuera con gran empeño, habilidad y éxito, cosechando la alabanza y aprobación del mundo ellos conocen por la luz del Espíritu Santo que se disfruta de mayor gloria, provecho y alegría en vivir escondidos en el retiro con Jesucristo, su modelo, en total y perfecta sumisión a su madre, que en realizar por sí solos maravillas de naturaleza y gracia en el mundo, a semejanza de tantos Esaús y réprobos que hay en él.
"En su casa habrá riquezas y abundancia". Sí, en la casa de María se encuentra abundancia de gloria para Dios y de riquezas para los hombres.

Señor Jesus, ¡cuán amables son tus moradas!. El pajarillo encontró casa para albergarse y tórtola nido para colocar sus polluelos. ¡Oh! ¡Cuán dichosos el hombre que habita en la casa de María! ¡Tú fuiste el primero en habitar en Ella! En esta morada de predestinados el cristiano recibe ayuda de ti sólo y dispone en su corazón las subidas y escalones de todas las virtudes para elevarse a la perfección durante su peregrinar terreno.

197. 2) los predestinados aman con filial afecto y honran efectivamente a la Sma. Virgen como a su cariñosa Madre y Señora. La aman no solo de palabra, sino de hecho. La honran no sólo exteriormente, sino en el fondo del corazón. Evitan, como Jacob, cuanto pueda desagradarle y practican con fervor todo lo que creen puede granjearles su benevolencia. Le llevan y entregan no ya dos cabritos, como Jacob a Rebeca, sino lo que representan los dos cabritos de Jacob, es decir, su cuerpo y su alma, con todo cuanto de ellos depende, PARA QUE ELLA:

a) los reciba como cosa suya.

b) les mate y haga morir al pecado y a sí mismos, desollándolos y despojándolos de su propia piel y egoísmo, para agradar por este medio a su Hijo Jesús, que no acepta por amigos y discípulos sino a los que están muertos a sí mismos.

c) los aderece al gusto del Padre Celestial y a su mayor gloria, que Ella conoce mejor que nadie;

d) con sus cuidados e intercesión disponga este cuerpo y esta alma, bien purificados de toda mancha, bien muertos, desollados y aderezados, como manjar delicado digno de la boca y bendición del Padre Celestial.

¿No es esto acaso lo que harán los predestinados que aceptarán y vivirán la perfecta consagración a Jesucristo por manos de María, que aquí les enseñamos para que testifiquen a Jesús y a María, un amor intrépido y efectivo? Los réprobos protestan, muchas veces, que aman a Jesús, que aman y honran a María, pero no lo demuestran con la entrega de sí mismos, ni llegan a inmolarles el cuerpo y el alma con sus pasiones, como los predestinados;

198. 3) éstos sumisos y obedientes a la Sma. Virgen, como a su cariñosa Madre, a ejemplo de Jesucristo, quien de treinta y tres años que vivió sobre la tierra, empleó treinta en glorificar a Dios, su Padre, mediante una perfecta y total sumisión a su Sma. Madre. La obedecen, siguiendo exactamente, sus consejos, como el humilde Jacob los de Rebeca cuando le dijo: "Sigue mi consejo! o como los sirvientes de las bodas de Caná a quienes dijo la Sma. Virgen: "Hagan todo lo que El les mande!

Jacob, por haber obedecido a su madre, recibió como por milagro la bendición, aunque naturalmente no podía recibirla. Los servidores de las bodas de Caná, por haber seguido el consejo de la Sma. Virgen, fueron honrados con el primer milagro de Jesucristo, que convirtió el agua en vino a petición de su bendita Madre. Asimismo, todos los que hasta el fin de los siglos reciban la bendición del Padre Celestial y sean honrados con las maravillas de Dios, sólo recibirán estas gracias como consecuencia de su perfecta obediencia a María. Los Esaús, al contrario, pierden su bendición por falta de sumisión a la Sma. Virgen;

199. 4) los predestinados tienen gran confianza en la bondad y poder de María, su bondadosa Madre. Reclaman sin cesar su socorro. La miran como su estrella polar, para llegar a buen puerto. Le manifiestan sus penas y necesidades con toda la sinceridad del corazón. Se acogen a los pechos de su misericordia y dulzura, para obtener por su intercesión el perdón de sus pecados o saborear en medio de las penas y desalientos sus dulzuras maternales. Se arrojan, esconden y pierden de manera maravillosa en su seno amoroso y virginal, para ser allí inflamados en amor puro, ser allí purificados de las menores manchas y encontrar allí plenamente a Jesucristo que reside en María como en su trono más glorioso.

¡Oh! ¡Qué felicidad! "No creas dice el abad Guerrico que sea mayor felicidad habitar en el seno de Abraham que en el de María, dado que el Señor puso en éste su trono".

Los réprobos, por el contrario, ponen toda su confianza en sí mismos. Al igual que el hijo pródigo se alimentan solamente de lo que comen los cerdos, se nutren solamente de tierra, a semejanza de los sapos, y a la par de los mundanos sólo aman las cosas visibles y exteriores. No pueden gustar las dulzuras maternales del seno de María ni experimentar apoyo y confianza seguros en la Sma. Virgen, su bondadosa Madre. Quieren hambrear miserablemente por las cosas de fuera dice San Gregorio porque no quieren saborear la dulzura preparada dentro de sí mismo y en el interior de Jesús y María;

200. 5) finalmente, los predestinados siguen el ejemplo de la Sma. Virgen, su tierna Madre. Es decir, la imitan y, por esto, son verdaderamente dichosos y devotos y llevan la señal infalible de su predestinación, como se lo anuncia su cariñosa Madre: "Dichosos los que siguen mis caminos", es decir, quienes con el auxilio de la gracia divina practican mis virtudes y caminan sobre las huellas de mi vida.
Sí, dichosos durante su vida terrena, por la abundancia de gracias y dulzuras que les comunico de mi plenitud y más abundantemente que a aquellos que no me imitan tan de cerca.

Dichosos en su muerte, que es dulce y tranquila y a la que ordinariamente asisto, para conducirlos a los goces de la eternidad.
Dichosos, finalmente, en la eternidad, porque jamás se ha perdido ninguno de mis fieles servidores que haya imitado mis virtudes durante su vida.

Los réprobos, por el contrario, son desgraciados durante su vida, en la muerte y por la eternidad, porque no imitan las virtudes de la Sma. Virgen y se contentan con ingresar en sus cofradías, rezar en su honor algunas oraciones o practicar alguna otra devoción exterior.
¡Oh Virgen Santísima"! ¡Bondadosa Madre mía!

¡Cuán felices son,
lo repito en el arrebato de mi corazón
cuán felices son quienes
sin dejarse seducir por una falsa devoción,
siguen fielmente tus caminos
observando tus consejos y mandatos!
pero, ¡ay de aquellos que,
abusando de tu devoción,
no guardan los mandamientos de tu Hijo!
¡infelices los que se apartan de tus mandatos!

4º Solicitud de María con sus fieles servidores.

201. Veamos ahora los amables cuidados que la Sma. Virgen, como la mejor de todas las madres, prodiga a los fieles servidores que se han consagrado a Ella de la manera que acabo de indicar y conforme al ejemplo de Jacob.

1. María los ama.

"Quiero a los que me quieren"

a. los ama, porque es su Madre verdadera y una madre ama siempre a su hijo, fruto de sus entrañas;
b. los ama, en respuesta al amor efectivo que ellos le profesan como a su cariñosa Madre;
c. los ama, porque como predestinados que son también los ama Dios: "Amé a Jacob y pospuse a Esaú"
d. los ama, porque se han consagrado totalmente a Ella y son, por tanto, su posesión y herencia: "Entra en la heredad de Israel".

202. Ella los ama con ternura, con mayor ternura que todas las madres juntas. Reúnan, si es posible, todo el amor natural que todas las madres del mundo tienen a sus hijos, en el corazón de una sola madre hacia un hijo único: ciertamente, esta madre amaría mucho a este hijo. María, sin embargo, ama en verdad más tiernamente a sus hijos de cuanto esta madre amaría al suyo.

Los ama no solo con afecto, sino con eficacia. Con amor afectivo y efectivo, como el de Rebeca para con Jacob y aún mucho más.
Veamos lo que esta bondadosa Madre de quien Rebeca no fue más que una figura hace fin de obtener para sus hijos la bendición del Padre Celestial:

203. 1) Espía, como Rebeca, las oportunidades para hacerles el bien, para engrandecerlos y enriquecerlos. Dado que ve claramente en la luz de Dios todos los bienes y males; la fortuna próspera o adversa, las bendiciones y maldiciones divinas, dispone de lejos las cosas para liberar a sus servidores de toda clase de males y colmarlos de toda suerte de bienes: de modo que, si se tiene que realizar ante Dios alguna gran empresa, por la fidelidad de una creatura a un cargo importante, es seguro que María procurará que esta empresa se encomiende a alguno de sus queridos hijos y servidores y le dará la gracia para llevarla a feliz término. Ella gestiona nuestros asuntos, dice un santo.

204. 2) Les da buenos consejos, como Rebeca a Jacob: "¡Hijo mío, sigue mi consejo!" Y entre otras cosas, les inspira que le lleven dos cabritos, es decir su cuerpo y su alma y se los consagren, para aderezar con ellos un manjar agradable a Dios. Les aconseja también que cumplan cuanto Jesucristo enseñó con sus palabras y ejemplos. Y si no les da por sí misma estos consejos, se vale para ello del ministerio de los ángeles, los cuales jamás se sienten tan honrados ni experimentan mayor placer que cuando obedecen alguna de sus órdenes de bajar a la tierra a socorrer a alguno de sus servidores.

205. 3) Y, ¿qué hace esta tierna Madre cuando uno le entrega y consagra cuerpo y alma y cuanto de ellos de pende sin excepción alguna? Lo que hizo Rebeca en otro tiempo con los cabritos que le llevó Jacob:

a. los mata y hace morir a la vida del viejo Adán;
b. los desuella y despoja de su piel natural, de sus inclinaciones torcidas, del egoísmo y voluntad propia y del apego a las creaturas;
c. los purifica de toda suciedad y mancha de pecado:
d. los adereza al gusto de Dios. Y como sólo Ella conoce perfectamente y en cada caso el gusto divino y la mayor gloria del Altísimo, solo Ella puede, sin equivocaciones, condimentar y aderezar nuestro cuerpo y alma a este gusto infinitamente exquisito y a esta gloria divinamente oculta.

206. 4) Luego que esta bondadosa Madre recibe la ofrenda perfecta que le hemos hecho de nosotros mismos y de nuestros propios méritos y satisfacciones por la devoción de que hemos hablado nos despoja de nuestros antiguos vestidos, nos engalana y hace dignos de comparecer ante el Padre del cielo:

a. nos viste con los vestidos limpios, nuevos, preciosos y perfumados de Esaú, el primogénito, es decir, de Jesucristo, su Hijo, los cuales guarda Ella en casa, o sea, tiene en su poder, ya que es la tesorera y dispensadora universal y eterna de las virtudes y méritos de su Hijo Jesucristo. Virtudes y méritos que Ella concede y comunica a quien quiere, como quiere y cuanto quiere, como ya hemos dicho;
b. Cubre el cuello y las manos de sus servidores con las pieles de los cabritos muertos y desollados, es decir, los engalana con los méritos y el valor de sus propias acciones. Mata y mortifica, en efecto, todo lo imperfecto e impuro que hay en sus persona. Pero no pierde ni disipa todo el bien que gracia ha realizado en ellos, sino que lo guarda y aumenta, para hacer con ello el ornato y fuerza de su cuello y de sus manos, es decir, para fortalecernos a fin de que puedan llevar sobre su cuello el yugo del Señor y realizar grandes cosas para la gloria de Dios y salvación de sus pobres hermanos;
c. Comunica perfume y gracia nuevos a sus vestidos y adornos, revistiéndoles con sus propias vestiduras, esto es, con sus méritos y virtudes, que al morir les legó en su testamento como dice una santa religiosa del último siglo, muerta en olor de santidad y que lo supo por revelación. De modo que todos los de su casa sus servidores y esclavos llevan doble vestidura: la de su Hijo y la de Ella. Por ello, no tienen que temer el frío de Jesucristo, blanco como la nieve. Mientras que los réprobos, enteramente desnudos y despojados de los méritos de Jesucristo y de su Madre Santísima, no podrán soportarlo.

207. 5) Ella, finalmente, les obtiene la bendición del Padre celestial, por más que no siendo ello sino hijos menores y adoptivos no debieran naturalmente tenerla. Con estos vestidos nuevos, de alto precio y agradibilísimo olor y con cuerpo y alma bien preparados, se acercan confiados al lecho del Padre celestial. Que oye y distingue su voz, que es la del pecador, toca sus manos cubiertas de pieles; percibe el perfume de sus vestidos; come con regocijo de lo que María, Madre de ellos, le ha preparado y reconociendo en ellos los méritos y el buen olor de Jesucristo y de su Sma. Madre:
a. les da su doble bendición: bendición del rocío del cielo, es decir, de la gracia divina que es semilla de la gloria: "Nos bendijo desde el cielo, en Cristo, con toda clase de bendiciones espirituales", y bendición de la fertilidad de la tierra, es decir, que cantidad de bienes de este mundo;

b. los constituye señores de sus otros hermanos, los réprobos. Lo cual no quiere decir que esta primacía sea siempre evidente en este mundo que pasa en un instante y al que frecuentemente dominan los réprobos. "Los impíos se gloriarán y hablarán insolencias... Vi al malvado... andar creído, como cedro del Líbano"... pero que es real y aparecerá manifiestamente en el otro mundo, por toda la eternidad, cuando los justo como dice el Espíritu Santo gobernarán las naciones y dominarán los pueblos".

El Señor no contento con bendecirlos en sus personas y bienes, bendice también a cuantos los bendigan y maldice a cuantos los maldigan y persigan.

2. María los alimenta.

208. El segundo deber de caridad que la Sma. Virgen ejerce con sus fieles servidores es el de proporcionarles todo lo necesario para el cuerpo y el alma. Les da vestidos dobles, como acabamos de ver. Les da a comer los platos más exquisitos de la mesa de Dios. Les alimenta con el Pan de Vida que Ella misma ha formado: "Queridos hijos míos les dice por boca de la Sabiduría sáciense de mis frutos, es decir, de Jesús, fruto de vida, que para ustedes he traído al mundo. Vengan les dice en otra parte a comer mi Pan, que es Jesús, a beber el vino de su amor, que "he mezclado para ustedes con mi maternal dulzura. ¡Coman, beban, embriáguense, hijos muy amados"
Siendo Ella la tesorera y dispensadora de los dones y gracias del Altísimo, da gran porción y la mejor de todas, para alimentar y sustentar a sus hijos y servidores. Nutridos estos con el Pan de Vida, embriagados con el Vino que engendra vírgenes y amamantados por esta Madre purísima, encuentra tan suave el yugo de Jesucristo, que apenas sienten su peso, a causa del aceite de la devoción que les hará madurar.

3. María los conduce.

209. El tercer bien que la Sma. Virgen hace a sus fieles servidores es el conducirlos y guiarlos según la voluntad de su Hijo. Rebeca guiaba a su Hijo Jacob y, de cuando en cuando, le daba buenos consejos, ya para atraer sobre él la bendición de su padre, ya para ayudarle a evitar el odio y la persecución de su hermano Esaú. María, estrella del mar, conduce a todos sus fieles servidores al puerto de salvación. Les hace evitar los pasos peligrosos. Los lleva de la mano por los senderos de la justicia. Los sostiene cuando están a punto de caer. Los levanta cuando han caído. Los reprende, como Madre cariñosa, cuando yerran, y aún a veces los castiga amorosamente. ¿Podrá extraviarse en el camino de la eternidad, un hijo obediente a María, quien por sí misma le alimenta y es su guía esclarecida? "Siguiéndola dice San Bernardo no te extravías!" ¡No temas, pues! ¡Ningún verdadero hijo de María se engañado por el espíritu maligno! ¡Ni caerá en herejía formal! Donde María es la conductora no entran ni el espíritu maligno con sus ilusiones ni los herejes con sus sofismas: "¡Si Ella te sostiene, no caerás!"

4. María los defiende.

210. El cuarto servicio que la Sma. Virgen ofrece a sus hijos y fieles servidores es defenderlos y protegerlos contra sus enemigos. Rebeca, con sus cuidados y vigilancia, libró a Jacob de todos los peligros en que se encontró y especialmente de la muerte que su hermano Esaú le hubiera dado a causa del odio y envidia que le tenía como en otro tiempo Caín a su hermano Abel. Así obra también María, Madre cariñosa de los predestinados: los esconde bajo las alas de su protección, como una gallina a sus polluelos, dialoga con ellos, desciende hasta ellos, condesciende con todas sus debilidades, para defenderlos del gavilán y del buitre, los rodea y acompaña como un ejército en orden batalla. ¿Temerá acaso a sus enemigos quien está defendido por un ejército de cien mil hombres bien armados? Pues bien, ¡un fiel servidor de María, rodeado por su protección y poder imperial, tiene aún menos por qué temer! Esta bondadosa Madre y poderosa Princesa celestial enviará legiones de millones de ángeles para socorrer a uno de sus hijos, antes que pueda decirse que un fiel servidor de María que puso en Ella su confianza haya sucumbido a la malicia, número y fuerza de sus enemigos.

5. María intercede por ellos.

211. Por último, el quinto y mayor servicio que la amable María ejerce a favor de sus fieles devotos es el interceder por ellos ante su Hijo y aplacarle con sus ruegos. Ella los une y conserva unidos a El con vínculo estrechísimo.

Rebeca hizo que Jacob se acercara al lecho de su padre. El buen anciano lo tocó, lo abrazó y hasta lo besó con alegría, contento y satisfecho como estaba de los majares bien preparados que le había llevado.

Gozoso de percibir los exquisitos perfumes de sus vestidos, exclamó:
"¡Oh! ¡El olor de mi hijo es como el olor de un campo que el Señor ha bendecido!". Este campo fértil, cuyo olor encantó el corazón del Padre, es el olor de las virtudes y méritos de María. Ella es, en efecto, campo lleno de gracias, donde Dios Padre sembró, como grano de trigo para su escogidos, a su único Hijo.

¡Oh! ¡Cuán bien recibido es por Jesucristo, Padre sempiterno, el hijo perfumado con el olor gratísimo de María! Y ¡qué pronto y perfectamente queda unido a El! como ya hemos demostrado.

212. María, además, después de haber colmado de favores a sus hijos y fieles servidores y de haberles alcanzado la bendición del Padre celestial y la unión con Jesucristo, los conserva en Jesucristo y a Jesucristo en ellos. Los protege y vigila siempre, no sea que pierdan la gracia de Dios y caigan de nuevo en los lazos del enemigo. "Ella conserva a los santos en su plenitud" y les ayuda a perseverar en ella, según hemos visto.
Esta es la explicación de la insigne y antigua figura de la predestinación y la reprobación, tan desconocida y tan llena de misterios.